LA IMPORTANCIA DE LA PROFESIONALIZACIÓN
En un tiempo en donde las garantías individuales son un factor determinante
en la sociedad, buscamos sólo aquello que nos permite sobrevivir. Adoptamos un
estilo de vida en donde lo seguro, lo cómodo, lo conocido, juega un papel
determinante. Se nos educa para jugar roles establecidos desde el inicio de los
tiempos. Por ejemplo, a las mujeres se nos educa para un día convertirnos en
mamá y esposas. Se nos educa para quizá tener una educación que finalmente se
verá saboteada por ese rol inicial que jamás olvidamos. Por esta razón, vemos a
muchas mujeres sin ejercer, incluso habiendo terminado probablemente una carrera.
En este caso se cae en la frustración, en el hastío y el desgano, y no solo por
enfrentar las diferentes problemáticas que la vida nos presenta, sino también
por atender nuestras propias necesidades; olvidando nuestros sueños, nuestras
aspiraciones, las cuales se convierten en hubieras, para llegar a formar parte de nuestra historia de vida. Se abandona
todo aquello que un día nos llenó de vida para retomar lo que ya ha sido
establecido. No se da la importancia necesaria al cumplimiento de metas
profesionales. Terminamos cumpliendo nuestro rol al pie de la letra, sin
olvidar ningún detalle, incluso tratando de no repetir, en ocasiones, la
educación que se nos dio por miedo a que nuestros hijos crezcan bajo nuestras
mismas condiciones, y entonces nos esforzamos y nos desvivimos por acomodarles
el mundo, porque su paso por la vida sea más liviano, más seguro, más gentil. No
permitimos que comentan errores, no les hacemos ver ese error y mucho menos que
se enoje, se entristezca o se frustre a causa de él. No le permitimos que
conozca la carencia, el dolor, la adversidad, la soledad... Y no se los
permitimos porque también nosotros no hemos querido pasar por esos estados
naturales que todos debemos aprender a sentir y afrontar. Sino todo lo
contrario, en el momento en que alguna de esas emociones llega, buscamos por
todos los medios para encontrar algo que me quite esa sensación, porque la
considero negativa. Y en ese afán por resolverle la vida a nuestros seres queridos,
desaparecemos del mundo, nos desvanecemos hasta el punto de enfermar y entonces
sí, vivir de la autoconmiseración de la gente, y de la propia; en lugar de
poder hacernos cargo de nuestra propia vida.
Recuerdo en alguna ocasión que ante mi comentario de llevar una vida en el
estudio, en el conocimiento, alguien me respondió que eso era imposible; que
también tendría que trabajar y no descuidar a mi familia; para lo cual yo
asentí en su momento. Sin embargo, hay un detalle que no debemos olvidar, que
el fin último del ser humano es su
desarrollo personal, y eso conlleva a generar habilidades a nivel emocional,
mental (cognitivo) y físico. La profesionalización es una forma de acercarnos
cada vez más al descubrimiento de lo que realmente soy, de alcanzar y ver
materializados mis sueños. De ir en contra de aquello que me fue impuesto, de
liberarme de cargas que no me pertenecen, de dejar de cumplir expectativas
ajenas para darle paso a nuestro desarrollo. La profesionalización es un arma
poderosa contra la ignorancia, la cual nos mutila, nos subyuga, nos mata. Aquel
que se revela ante tal situación, tendrá que recorrer un camino escarpado,
lleno de prejuicios, de sabotajes, de conformidad, de comodidad, de seguridad. .
(Lic. Alma Stéphanie Barbosa).
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